Ciencia

Madrid–Buenos Aires en 40 min: viaje en cohete

Recopilado y verificado a partir de fuentes citadas, revisado por nuestro equipo editorial.

Imagina que desayunas un café con leche en el centro de Madrid, subes a una plataforma flotante frente a la costa y, antes de que en tu casa terminen de recoger la mesa, ya estás aterrizando frente a Buenos Aires. No es ciencia ficción de sobremesa: es la promesa de los viajes punto a punto por cohete. Hoy, ese trayecto entre la capital española y la argentina te cuesta unas 13 horas de avión, casi un día entero perdido entre nubes. La visión de SpaceX lo reduce a unos 40 minutos.[2]

Sí, has leído bien. Menos de lo que dura una comida. Menos de lo que tardas a veces en cruzar Madrid en hora punta. Y todo gracias a una idea tan audaz como sencilla de enunciar: si un cohete puede llevar carga al espacio, ¿por qué no usarlo para llevarte a ti al otro lado del planeta?

En este artículo desmontamos la idea pieza a pieza: cómo sería físicamente posible, qué tiempos ha publicado SpaceX, cómo se compara con la aviación actual, qué primos “más humildes” ya están en desarrollo, y —sobre todo— qué obstáculos separan hoy este sueño de tu próxima escapada transatlántica.

¿Cómo es esto posible? El concepto Earth-to-Earth

La propuesta se llama Starship “Earth-to-Earth” (de la Tierra a la Tierra), y nace de reutilizar el mismo cohete gigante que SpaceX diseñó para viajar a la Luna y a Marte, pero apuntándolo… de vuelta a nuestro propio planeta.[2]

La mecánica, contada de forma clara, funcionaría así:

  • El despegue. Un propulsor colosal, el Super Heavy booster, lanza la nave Starship desde una plataforma marítima situada cerca de la ciudad —mar adentro, para alejar el ruido y el peligro de las zonas habitadas.
  • El salto suborbital. La nave no llega a dar la vuelta completa al planeta ni entra en órbita permanente. Realiza un vuelo suborbital: sube hasta el borde del espacio, se impulsa a velocidad hipersónica (muchas veces la velocidad del sonido) y describe un gran arco por encima de la atmósfera, donde apenas hay resistencia del aire que la frene.
  • La ingravidez. Durante buena parte del trayecto, los pasajeros experimentarían unos minutos de microgravedad: esa sensación de flotar que viven los astronautas. Tu café, por cierto, mejor con tapa.
  • El aterrizaje. Al aproximarse al destino, la nave desciende de forma controlada y se posa —igual que hoy los cohetes de SpaceX aterrizan de pie— en otra plataforma marítima frente a Buenos Aires.

La clave de por qué es tan rápido está en esa combinación: salir de la atmósfera densa para no tener fricción que te frene, y avanzar a velocidad hipersónica por el vacío. Un avión comercial cruza el aire empujándolo a unos 900 km/h; un cohete suborbital, en cambio, “salta por encima” del problema.[1]

Los tiempos que anunció SpaceX

Cuando SpaceX presentó públicamente esta idea, acompañó la visión con una tabla de tiempos para algunas de las rutas más transitadas del mundo. La consigna era rotunda: la mayoría de los trayectos durarían menos de 30 minutos, y cualquier punto del planeta quedaría a menos de una hora.[2]

Aquí están esas cifras —encabezadas por nuestra ruta protagonista, Madrid–Buenos Aires:

RutaTiempo por cohete (Starship)
Madrid → Buenos Aires~40 minutos
Nueva York → Shanghái39 minutos
Londres → Nueva York29 minutos
Los Ángeles → Tokio37 minutos
Sídney → Londres51 minutos
Nueva York → París30 minutos

Detente un momento en esa lista. Londres–Nueva York, uno de los corredores de negocios más caros y saturados del planeta, en 29 minutos. Sídney–Londres, hoy una odisea de más de veinte horas con escala, en 51 minutos. Y nuestra Madrid–Buenos Aires, que une dos orillas del mundo hispanohablante, en apenas 40 minutos.[3]

La comparación que lo cambia todo

Para entender la magnitud del salto, no hace falta irse muy lejos. Fijémonos en la ruta Nueva York–Shanghái, una de las que SpaceX puso como ejemplo.

  • Hoy, en avión: entre 15 y 20 horas. Un vuelo interminable, con jet lag garantizado y un día de tu vida entregado a la altitud de crucero.
  • Mañana, por cohete: 39 minutos.

Es la diferencia entre una jornada laboral completa y una pausa para el café. Aplicado a nuestra ruta, la brecha es igual de brutal: las ~13 horas que hoy separan Madrid de Buenos Aires se comprimirían en ~40 minutos. Podrías, literalmente, ir a comer al otro hemisferio y volver a dormir a casa.[4]

Ese es el argumento que ha entusiasmado al mundo de los negocios: si funcionara, acabaría con los viajes de trabajo que hoy exigen pernoctar. Reuniones intercontinentales de ida y vuelta en el mismo día dejarían de ser un lujo imposible.[3]

Los primos cercanos: los aviones hipersónicos

Mientras el cohete punto a punto sigue siendo una visión de futuro, hay una familia de proyectos más modestos pero más cercanos que persiguen un objetivo parecido desde otro ángulo: los aviones hipersónicos.

No salen al borde del espacio ni te hacen flotar, pero prometen volar a varias veces la velocidad del sonido dentro de la atmósfera —mucho más rápido que el mítico Concorde, aunque sin llegar a la velocidad de un cohete.

  • Venus Aerospace. Esta empresa trabaja en tecnologías de propulsión avanzada con la vista puesta en vuelos hipersónicos comerciales, aspirando a reducir drásticamente las rutas de larga distancia.
  • Hermeus. Desarrolla aeronaves capaces de alcanzar velocidades hipersónicas, con la idea de reunir a distintos continentes en un puñado de horas en lugar de medio día.

Piensa en ellos como el paso intermedio: no borrarán las 13 horas de Madrid–Buenos Aires de golpe, pero podrían recortarlas de forma notable antes de que el cohete suborbital llegue a ser una realidad para el gran público.[4]

Retos y realismo: ¿cuándo podré comprar el billete?

Aquí toca poner los pies —literalmente— en la tierra. El viaje por cohete es, a día de hoy, un concepto de futuro, no un servicio comercial. Nadie está vendiendo billetes Madrid–Buenos Aires de 40 minutos. Y hay razones de peso para la cautela:

  • El coste. Lanzar un cohete es, hoy por hoy, carísimo. Para que esto tenga sentido como transporte de pasajeros, el precio por asiento tendría que caer hasta acercarse al de un billete de avión de larga distancia. Ese salto económico es enorme.
  • La comodidad y las fuerzas G. Un despegue y un reentrada de cohete someten al cuerpo a fuerzas de aceleración (fuerzas G) muy superiores a las de un avión. No todo el mundo, ni con cualquier estado de salud, podría soportarlas sin entrenamiento. La experiencia de flotar suena maravillosa; la de sentir varias veces tu propio peso aplastándote contra el asiento, menos.
  • El ruido. Un cohete de este tamaño genera un estruendo brutal. De ahí la idea de lanzar desde plataformas en el mar, lejos de las ciudades. Pero eso añade otra capa logística: cómo llevar a miles de pasajeros mar adentro de forma rápida y cómoda.
  • La seguridad. La aviación comercial es uno de los sistemas de transporte más seguros jamás creados, fruto de décadas de refinamiento. Un cohete de pasajeros tendría que alcanzar niveles de fiabilidad comparables antes de ganarse la confianza del público.
  • La regulación. No existe todavía un marco legal claro para el transporte suborbital de pasajeros entre países. ¿Quién autoriza estas rutas? ¿Bajo qué normas de seguridad internacional? Es un territorio en gran parte por escribir.
  • Las plataformas marítimas. Construir y operar puertos espaciales flotantes frente a cada gran ciudad es un desafío de infraestructura de primer orden.

En resumen: la física del asunto es sólida y los tiempos son reales sobre el papel, pero entre el concepto y tu tarjeta de embarque hay una montaña de ingeniería, dinero y política por resolver. Es un horizonte hacia el que se avanza, no una fecha marcada en el calendario.

Preguntas frecuentes

¿Es real o solo una idea de marketing? El concepto es real y está basado en una física coherente: el mismo cohete Starship que SpaceX desarrolla para misiones espaciales podría, en teoría, usarse para vuelos punto a punto en la Tierra. Los tiempos publicados no son inventados. Lo que aún no existe es un servicio comercial: hoy es una visión de futuro en fase de desarrollo, no algo que puedas reservar.[2]

¿De verdad se sentiría la ingravidez? Sí. Durante la fase suborbital del vuelo, cuando la nave viaja por encima de la atmósfera describiendo su arco, los pasajeros vivirían varios minutos de microgravedad, la misma sensación de flotar que experimentan los astronautas. Sería, en la práctica, un breve viaje al espacio incluido en tu trayecto.

¿Es peligroso o incómodo por las fuerzas G? Es uno de los grandes retos. El despegue y el aterrizaje de un cohete generan fuerzas de aceleración notablemente mayores que las de un avión comercial. Para un uso masivo habría que garantizar que sean tolerables para pasajeros de a pie, lo que probablemente exigiría límites de salud, adaptaciones de diseño y, quizá, algo de preparación previa.

¿Cuándo podré volar de Madrid a Buenos Aires en 40 minutos? No hay una fecha. Los obstáculos de coste, seguridad, ruido, regulación e infraestructura son considerables. Es probable que, antes del cohete suborbital para el gran público, veamos avances en aviones hipersónicos (como los de Venus Aerospace o Hermeus), que acortarán las rutas largas sin llegar a la velocidad de un cohete. El viaje de 40 minutos es una meta a largo plazo, no algo inminente.[4]


El día en que Madrid y Buenos Aires estén a solo 40 minutos, el propio concepto de “vuelo transatlántico” habrá cambiado para siempre. Todavía no ha llegado ese día. Pero por primera vez en la historia, la tecnología para intentarlo ya no vive únicamente en las novelas de ciencia ficción: está sobre la mesa de dibujo, esperando su turno.

Fuentes

  1. HowStuffWorks — New York to Los Angeles in 12 Minutes — https://science.howstuffworks.com/transport/flight/modern/commute-new-york-to-los-angeles-in-12-minutes.htm
  2. SpaceX — Starship (Earth-to-Earth) — https://www.spacex.com/vehicles/starship/
  3. Forbes — SpaceX Starship business travel (2026) — https://www.forbes.com/sites/jamiecartereurope/2026/06/05/spacex-ipo-why-starship-could-end-overnight-business-travel/
  4. NASASpaceflight — Starship point-to-point (2025) — https://nasaspaceflight.com/2025/06/point-to-point-2025/
Categorías:Ciencia

← Volver a Ciencia